6 de abril de 2011

Morning.

Veo cada amanecer como una nueva oportunidad; cada mañana con la misma melancolía de saber que inevitablemente pasarán las horas y se consumirá la luz que la caracteriza. Ese maravilloso sentir del fresco humedecer en mis mejillas recién lavadas. El sol que nace cada día. Incansable, impasible. Lo diviso entre mis pestañas aún perezosas renaciendo y ofreciéndome la luz necesaria para afrontar todo aquello que se me presente hasta su ida en el ocaso. Y sabiamente, como un abuelo, enseñándome que no se debe parar, ni tomar el sentimiento de vencido. Siempre hay que seguir. Sea cual sea tu situación, momento, circunstancia o preocupación. La luz invade las calles, y las farolas cesan su leve luz anaranjada. A mí me gusta mirar entre las callejuelas, siempre diviso esas montañas repletas de olivos que rodean mi pueblo. Se hacen monótonas, pero por qué no bellas también. Se mantienen allí aisladas aunque constantes. Ellas también me dan lecciones, allá en la distancia, a pesar de su silencio. Pues no hay viento ni lluvia ni movimiento que las derribe. Mientras tanto, sigo andando, de no ser así terminaré con fama de poco cuerdo entre los que observen mi deleite. Si es que no la poseo ya. Mas, ¿acaso eso importa? No torceré mi camino y durante el mismo sigo saboreando las esencias, paladeos y perspectivas que la mañana me ofrece para comenzar un nuevo día. Debo concluir así, sin más demora. Ya terminó…


3 de abril de 2011

The Biggest Love.

¿Hay razones demasiado pesadas como para dejar pasar “el amor más grande”? Y, ¿por qué debería ser “el más grande” para mí? Pues porque ha sabido derrotar un kilómetro tras otro. Ha sabido encandilar a dos personas que aún conociendo la dificultad en algún momento pretendían superarla. Y yo, quizás haya momentos en los que no, pero en este preciso instante me siento un gran necio. Necio porque aún sin el sabor de tus besos, ni si éstos dirían en ese caso ‘Te quiero’, tengo la total certeza de poseer la curiosidad por saberlo. Creo que en verdad, no hay ni una sola razón para dejar pasar lo que se presupone, a través de tamaña distancia, como amor. Pero puede que el tiempo ya haya dictado sentencia impidiendo una marcha atrás… No lo sé. En realidad, no sé nada. Sólo puedo afirmar que cuando pulso el play, me invade cierto remordimiento horrible. Remordimiento por haberme permitido desaprovechar lo más grande delante de mí y un intenso deseo por matar la distancia y crear mi particular felicidad junto a ti.